Es un momento político, en el que se ha pasado de partidos de militantes, hacia partidos de electores, en otras palabras, de potenciales votantes. Hemos notado que de forma frecuente, son invocadas las bases de los partidos con la idea de tomar algunas que otras decisiones. 

Estas son invocadas por los comentaristas, políticos y por los ciudadanos. En consecuencia, las bases dicen, las bases quieren, pero posiblemente no tenemos idea de quiénes son las bases, y además de quiénes las componen. Por lo que se trata de un asunto discutible. En líneas generales, cuando se hace referencia a las bases, se toma como referencia a quienes son militantes, y afiliados. 

Pero, debemos considerar que ¿solo son esas personas las que integran las bases, son estos los únicos dueños de los partidos? Posiblemente aquí es donde pueden sobrevenir algunas dudas.

En otra época, aproximadamente hasta la década de los años cincuenta, podían encontrarse los denominados partidos de masas en los que era de suma importancia contar con el mayor número de afiliados, con una ideología definida y profesionales que gobernaban y administraban los partidos, es decir, el denominado aparato. Se trataba de partidos de militantes. 

Dichos partidos desde hace bastante tiempo que se encuentran en decadencia, por lo que se han ido transformando en partidos de electores gracias a los cambios tecnológicos: en los medios de comunicación (radio, televisión y, ahora, internet), las crisis que se han generado de las ideologías cerradas, por la convergencia de intereses e ideas y debido a reducción de los antagonismos sociales. De este modo, de partidos de militantes (fieles y censados) se ha pasado a partidos de electores (inciertos e hipotéticos, a quienes hay que convencer).

Luego de esta serie de transformaciones, quizás debemos replantearnos la respuesta a la pregunta de quiénes se ocupan de integrar las bases de los partidos. Nuestro pensamiento se enfoca en los militantes, o quizás en los electores, aun cuando podemos pensar en que estamos equivocados. Esta es una premisa que quizás sea la más acertada, el hecho de que no se puede decepcionar a los militantes tan solo por el hecho de querer incrementar los votos, aunque tampoco es posible adoptar posiciones que puedan expresar la opinión de una mayoría de militantes si ello conduciría a una catástrofe electoral.

En todo caso, tomar distancia de esta complicada situación puede exigir habilidad, entereza moral e inteligencia política en conjunto, es allí donde debe hacerse presente el papel del líder, quien está llevado a expresar la imagen de su partido, siendo fundamental. Es el líder quien cuenta con la posibilidad de convencer a sus militantes de la corrección de sus posiciones, más no es ese que se muestra inseguro, pendiente de lo que quieren los demás, militantes y electores, para lograr fijar su posición. Un líder, se encuentre equivocado o no, siempre debe mantener muy claro lo que le conviene a su partido y a su país: de esta manera debe expresarlo y de esa forma debe ser percibido. De otro modo, si se muestra ambiguo y confuso, el efecto será inverso y no suscita la confianza de nadie, perdiendo la de todos, iniciando por los suyos.